martes, 2 de febrero de 2021

Micromentarios: Minaturas | Calva

EL DECORO ES EL MEJOR
DISFRAZ DEL SARCASMO
 
JOSÉ MANUEL GARCÍA-GARCÍA (NMSU)
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I
Vicente Calva Hernández. Miniaturas y granitos de anís. Calva nació en Santiago Tetla (Estado de Tlaxcala), ignoro las fechas de su nacimiento y de su muerte. Sé que radicó en Cd. Juárez gran parte de su vida, y que fue médico y “activista cultural” en los años 40 (época de Oro del Ateneo Fronterizo). Calva publicó poemarios, cuentarios y aforismos. Su obra (sin difusión) fue la siguiente: Lirio mártir (1968), Sinfonía poética (1970), Romances y corridos (1971), Siluetas crepusculares (poemas,1975), Voces interiores (poemas, 1976), El espejo roto (cuentos, UACJ, 1982), Mosaico infantil, poemas para niños y adolescentes (1985), Astillas del sol (poemas y aforismos, s.f.), Pinceladas de otoño (poemas, s.f.), Miniaturas y granitos de anís (aforismos y poemas, s.f.), Caleidoscopio (poesía, s.f.), La voz del alma (poemas, s.f.), Pedrocles Hernández: Anecdotario picaresco (s.f.) y Cuentos de colores (1996). El mejor Calva está en sus primeros poemas y en algunos de sus cuentos (El espejo roto, Cuentos de colores) y, sobre todo, en sus miniaturas literarias. Su poesía es una mezcla de meditaciones filosóficas: fugacidad de la vida, sensualidad (“Mujer, la flor de tu sonrisa ha venido a deshojarse en mis labios”), necro-reflexiones (“Sobre el camino sangrante del bisturí, el médico florece inmaculado”), también escribió poemas de candor romántico, de religiosidad contemplativa. Calva fue un escritor mórbido: gustaba de lo visual-morboso (el médico fascinado ante la enfermedad y la belleza yerta), de la contaminación-mórbida (vaivén constante entre la epifanía y memento mori) y de la ternura-mórbida (un estilo que combinaba la ternura con la pedagogía altruista). Era la morbidez en sus tres acepciones. Calva fue (por definición) el Escritor de Provincia: aislado, autopublicado, sin difusión ni influencia. Heredero de un greco-latinismo vasconcelista: el deber de ser un clasicista en medio del desierto (cultural) fronterizo. En una breve nota biográfica, Marco Antonio García, dice en 1991: el Doctor Calva estudió medicina en la UNAM, comenzó a publicar desde 1940 en la Revista Amenidades, en el Universal Gráfico (1941-1943). Tiene 14 libros, y 7 manuscritos inéditos (cf. Memorias del Segundo Festival Literario de la ciudad). En 1997, Calva obtiene una mención honorífica en el concurso Binacional de Poesía “Pellicer-Frost” y seis de sus poemas son publicados en Entre líneas II (1998).
 
II
El libro Miniaturas y granitos de anís, consta de dos partes: “Miniaturas” (fábulas breves) y la “Granitos” literarios que son 590 micros de poesía reflexiva (o filosofía frasística). Citaré 5 de sus microrrelatos: (Miniatura 1): “Asesinato”: “El endemoniado reloj, no tuvo tiempo de salir de mi habitación. Tomé una pesada bota y con ella despedacé su odiado rostro. Satisfecho, volví a la cama. Por primera vez en mi vida he conocido la delicia de matar el tiempo”. (Miniatura 2): “Luciérnagas”: “Dos luciérnagas conversan: -Y bien -dice una-. ¿A qué dedicas tu vida? -Yo, soy la bordadora de la noche. ¿Y tú? –Pregunta la otra-. -Yo, enciendo los luceros”. (Miniatura 3): “Soborno”: “Cuando vas por el pueblo repartiendo sonrisas y dinero, no creas que pienso en la nobleza de tus actos. Sobre la llaga de tus crímenes, andas poniendo gotas de silencio”. (Miniatura 4): “Moneditas de oro”: “Por el amplio y solitario patio de mi casa, riego todas las mañanas granitos de trigo. Un bullicioso enjambre de gorrioncillos viene a recogerlo. Picotean y saltan, bailan y picotean; cuando están satisfechos, suben a la rama del almendro. En mi honor, derraman el oro de su canto”. (Miniatura 5): “Conformidad”: “Dos abejorros conversaban en el interior de una azucena. El más fornido dice al más débil: Reclamo para mí, todo el néctar de esta flor. El otro, indefenso y sumiso responde: No te lo disputo. Me conformo con el aroma”. Son brevedades de engañoso candor: juegos literal-literarios. Cada micro es una referencia didáctica: Heráclito moderno dándole un zapatazo al tiempo; luciérnagas puntualmente circadianas (la infantilización del tiempo-en-fuga); la corruptela como práctica inmanente del farsante-busca-votos; la naturaleza como un divertimento en el jardín del estoico Cándido. La vida es una anécdota fabulable, un bestiario que la harmonía (ecológica) demanda: decoro decorativo: estética contemplativa de remansos, lugares amenos (no te alteres: sé feliz en el jardín de tu vida).
 
III
De Granitos de anís:  Eco-temáticos: (Granito 1): “La luna se baña en el remanso del río. Mi pensamiento besa su desnudez”. (G 2): “El canario es el corazón de una cajita de música”. (G 3): “El puñal milagroso de la brisa hiere los nardos; los nardos en su agonía exhalan suspiros de perfume”. (G 4): “En la hamaca de la araña el viento duerme la siesta”. G 5): “La rosa conquista con su serena belleza y esclaviza con su invisible cadena de perfume”. La morbidez tiene sus momentos epifánicos: instantes de ternura-erótica; instantes de agniciones (el canario es un corazón: es el mecano musical de los días); instantes de aromas avasallantes; instantes, instantes de close ups eco-ensimismados (la brisa en la hamaca (mortal) de la araña: candor sin horror); instantes donde el aroma de una flor es su destino. Con Calva, el mundo se transforma en breves recortes de candor, en miniaturas veraniegas para el álbum de una ataraxia moderada.
 
IV
Granitos de anís filosófico: (Granito 1): “Por los escalones de la ignorancia, con paso lento sube la sabiduría”. (G 2): “La última palabra sobre Filosofía, la tiene el silencio...”. (G 3): “Para conocer un poco de la vida, necesito olvidarme de mi propia existencia”. (G 4): “El tiempo que despilfarra la juventud, sería sublime gastarlo en la vejez”. (G 5): “De estación a estación, va el tren devorando a los hombres”. Snapshots del pensamiento: filosofía vía poesía: dibujos mentales, jerarquías discursivas: el ascenso al pentagrama del pensamiento: la mirada fija entre los abismos del silencio: el deseo de salir de sí y ser la perspectiva del ojo-de-dios por encima de su creación: las breves recompensas de lo efímero: la injusta distribución del tiempo-vida: el tiempo (mismo) que nos devora, que es nuestra esencia en movimiento: Saturno-tren devorando a sus hijos.
 
IV
Confesiones en granitos de arena: (Granito 1): “Si pasaste frente a la casa de los vicios y no franqueaste la puerta ni cerraste los ojos, tú, no eres un hombre; eres un santo”. (G 2): “El látigo de la razón no ha logrado dominar mis pasiones”. (G 3): “El trampolín de mi lengua lanza las palabras al vaivén del viento”. (G 4): “Como juez, condeno mis errores. Como pecador, los justifico”. (G 5): “La avispa del pecado, edifica su panal en mi cerebro”. (G 6): “Mi mejor poesía no la puedo escribir. Ella florece en lo más íntimo de mi alma”. (G 7): “Cuando se apagan las brasas del amor, el pensamiento empieza a difundir su aroma”. (G 8): La herida hecha por la espada, cicatriza. La herida hecha por la lengua sangra toda la vida”. Las confesiones del Doctor Calva son (entre otras cosas): la sonrisa irónica ante los jueces moraloides: la aceptación de sí (entre Epicuro y Epicteto): la confesión de la auto-censura: la condición cíclica de la emoción (el ciclo del fuego y la ceniza): las huellas de las cicatrices del sarcasmo. Calva por Calva: la baraja del aforismo es un obituario de datos, una biografía de breves parrafadas, el decoro que obliga a no decir aquello que compromete la paz hogareña. Tal es la historia de los muchos libros de Calva, sus textos como una práctica de vida después de las horas de consulta. Libros-muestrario de estados de éxtasis y de (leves) desengaños. Calva grecolatino, con algo de modernismo (Darío), con algo de poeta maldito (vertiente acallada por el padre de familia responsable), con una pizca de Esopo y otra de Juvenal hiriente, pero moderado.
 
 
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